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Dr. Jaume Cañellas Galindo

PERSONALIDAD ANACLITODEPRESIVA LIMITE-II

 

 

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Lo que se considerará más tarde en el adulto en un diagnóstico retrospectivo como personalidad limite constituye un grupo "mudo" aparentemente normal en el niño. En efecto incluso si el primer traumatismo ha sobrevenido, se trata de un traumatismo puramente económico no figurable, no representable, no fantasmatizable (incluso si corresponde en el otro a una "escena rica en contenido"). Su impacto crea, como lo ha anotado BERGERET, una pseudolaténcia que en el niño no se distingue fenomenológicamente de la normalidad o de una precocidad trivial. Creemos aun así en la existencia en el niño de estados límites del cual daremos una definición bastante restrictiva. He excluido en efecto de este grupo no sólo las entidades clínicas que un análisis estructural más preciso permite guardar o bien entre las psicosis, o bien entre las neurosis, pero también las organizaciones psicosomátiques caracteriales y perversas que parecen constituir en el niño bien más que las revisiones de un tronco común: estructuras diferentes inscritas muy pronto en el narcisismo primario (la falla corresponde a un traumatismo muy precoz). Más que de estados límites preferimos hablar de organizaciones indiferenciadas de tipo anaclítico. La unidad de grupo no se encuentra a nivel de una nosografía clínica muy heterogénea, sino en la existencia constante de una falla del narcisismo.

Es difícil saber si esta falla corresponde a un traumatismo real, pero el sistema defensivo que es constituido para llenar la falla permite a menudo suponer su existencia. En el aspecto clínico se anotan dos tipos de trastornos muy diferentes, por una parte los retrasos afectivos y por otra parte las disharmonias aparentemente fijadas y no evolutivas.

La angustia depresiva está siempre subyacente, provocando a la vez un trabajo constante de auto regulación narcisista y de dependencia, de apoyo (etimología de anaclítico) sobre el objeto.

Se trata de un diagnóstico estructural difícil, a menudo diagnóstico de evolución, o más bien de no evolución. Uno hace referencia al mismo tiempo a la segunda tópica Freudiana (para la parte sana del Yo) y a la tópica del Narcisismo.

Una descripción dinámica es difícil: la dimensión del conflicto esta a menudo casi ausente, y se puede localizar sólo el trabajo continuo efectuado por llenar o circunscribir más bien la falla narcisista, al hacer una "vacuola". Parece pues que es una descripción puramente económica la que permite dar cuenta del caso: las catexis son heterogéneas, en mosaico o en dos sectores.

Este niño depende de sus objetos a los cuales se identifica de manera todavía primaria, muy centrípeta, sobre un modo de incorporación sin poder integrarlos como objetos Edípics. Es en tales estructuras que la falla narcisista impone la proyección de un Ideal del Yo arcaico y megalomaníaco del cual la traducción clínica será o bien la "transferencia que idealiza" sobre padres transfigurados, o bien la constitución de un Si mismo grandioso y de una transferencia en espejo.

A consecuencia de la denegación de la sexualidad, de las representaciones sexuales y de todo lo que habría podido referir al conflicto edípico, los padres son considerados como equivalentes uno del otro, o  distinguidos de modo que uno es malo y el otro bueno, uno dominante y el otro dominado. En la medida que no hay organización edípica propiamente dicha, no hay ansiedad de castración y no tampoco  angustia de división, de aniquilación, de pérdida de coherencia de si en una disolución de si mismo o en la alienación psicótica, pero si hay una angustia de pérdida de objeto : la angustia de abandono. El mecanismo esencial en las organizaciones anaclitodepresivas-límites es la escisión de los objetos y la depresión anaclítica acompañante de la regresión narcisista.

Dr. Jaume Cañellas Galindo (2007)